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Cuba: la rica infancia de una isla

ninos-pionerosEs lo desconocido lo que suele atraer la atención del ser humano. Fue esa curiosidad innata la que nos elevó del resto de las especies y ha sido germen del desarrollo en todos los tiempos; pero tal vez sea ella misma la responsable de que no pocas veces subestimemos lo ya conocido y conquistado.

Una persona sin filiaciones políticas me comentó la tristeza que sintió cuando salió por primera vez del país y vio a una niña como de diez años de edad que vendía bisuterías fuera de un restaurante de la ciudad de México, bien tarde en la noche. Como buen cubano al fin, sintió de golpe que le ardía la sangre en el rostro y buscó en su despejado bolsillo algunas monedas.

Me contó la historia sin comentarios ideológicos ni comparaciones de por medio, solo como una experiencia más del viaje. Y tal vez esa es la mejor enseñanza de todas, la que se aprende por sí, sin necesidad de mensajeros ni de palabras. Pero las consecuencias de silenciar lo evidente a veces son tan graves que no es posible callar. Sigue leyendo

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Un trabajo “obliguntario”

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Lo único que pienso en medio de esos trances improductivos es en lo que pensaría el Che Guevara si pudiera vernos- tal vez lo hace. De seguro el predicador en verbo y práctica del trabajo voluntario en Cuba sentiría vergüenza, enojo o nos sentenciaría de por vida con una de esas lecciones lapidarias que le brotaban de su profunda dignidad.

Es bueno tener paradigmas pero más importante es tener conciencia propia y, como dice mi amigo, es más útil identificar a quien no quieres parecerte que tener claro a quién sí. Todavía persiste la costumbre de convocar a trabajos voluntarios –obliguntarios murmuran muchos a espaldas del jefe- en los que se malgasta el tiempo de las personas o se distorsiona el ya hipermaltratado sentido del trabajo que tiene el cubano a cuenta de la doble moral.

Les juro que no es por hacerme la periodistica con espejuelos detrás de una computadora, respeto el trabajo físico, y aun más, me gusta porque me relaja de esa manía a veces no saludable de pensar demasiado en las cosas.

Pero esos trabajos obliguntarios fuera de toda lógica provocan más daño que el imaginable por el “pundonoroso” mandamás, que a la sombra de su despacho se le ocurren ideas tales. Gracias a ellas trepan los arribistas y suman méritos de humo que luego los acomodan en acolchonadas sillas con rueditas. Sigue leyendo

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¡Aprobado por unanimidad!

Yo no podía pensar exactamente igual a él. Otra época, otra edad, otras vivencias pero ambos compartíamos una misma pasión: Cuba.
Para nosotros los jóvenes es fácil cuestionar los errores de tiempos pasados, no fueron los nuestros. ¿Acaso hubiéramos sido iguales? Lo que sí no es comprensible es que volvamos a equivocarnos una y otra vez a causa de un mismo defecto, aquel que silencia la crítica y mutila el ejercicio del criterio. Ahí está el verdadero problema: no en equivocarse, sino en los absolutismos, no decir lo que pensamos o no escuchar la opinión del otro. Sigue leyendo

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¿Y dónde están los jóvenes?

En ese momento el silencio fue de campo santo y sintió todas aquellas miradas como agujas en su rostro hincándole la vergüenza y reprochándole cobardía. Quiso volverse invisible, hacer que aquella silla lo tragara pero fue imposible eludir la emboscada del colectivo. Con la propuesta lo habían puesto a escoger entre el estigma de la apatía y el martirio de un cargo.

Muchas veces los jóvenes nos hemos sentido así en medio de una asamblea donde se decide la elección para un puesto o responsabilidad. Las frecuentes evasiones han hecho que se nos cuestione nuestro compromiso con el proceso revolucionario. A veces se nos recrimina incluso nuestra condición de jóvenes como si nacer en esta época y no haber luchado en la Sierra o ido a la alfabetización fuera un pecado. Sigue leyendo

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Retrato de familia en blanco y negro

Le oi decir a alguien que una de las mejores escenas familiares que recuerda en Cuba es la de los apagones -o alumbrones, como se llamaron en aquella época durísima de los 90′. Yo estaba en la primaria pero aun tengo en la memoria algunos de esos momentos y como a muchos contemporáneos no los asocio con malos ratos. Es que la vivencia de aquel tiempo para niños y adultos no fue la misma.

Nosotros, los niños, vivíamos en una feliz inocencia. Las noches eran para jugar al escondite o al topao’. Mientras, los padres hacían magia a la cubana -como dice otra amiga- para poder llevar un plato a la mesa.

Me acuerdo de esas veladas calurosas en la terraza, con el mechón de epicentro, en las que la abuela cantaba boleros y mi papá nos hacía cuentos de cuando era un adolescente. A pesar de las carencias, fue un momento de unión, de inventiva pero también de pérdidas. Sigue leyendo

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Un mal día

Se levantó esa mañana con el presentimiento de que no sería un buen día. Había soñado con tiñosas y eso no podía ser una señal positiva. Vaya, no hay café. Definitivamente, no será bueno.

Al abrir la puerta salió a la calle paladeando el sinsabor de su mala suerte. Ni el sol en su esplendor ni el cielo despejado ni el buenos días de la vecina cuando lo vio pasar le disiparon las nubes grises de su cabeza cargadas con la cuenta de la luz, el precio de la carne, la mochila de la escuela para el niño y cientos de preocupaciones más. Sigue leyendo

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Pequeño motín navideño

Lo pensé dos veces antes de levantarme. Dentro de la frazada se estaba a gusto pero siempre fui de las que la conciencia no le da tregua. La redacción del Periódico, desierta. ¿Será que decretaron el día feriado y no me enteré? Estos días no son para estar frente a una computadora sino para salir a las calles, respirar bien hondo y sentirse agradecido por ese aire.

Y mientras me torturan los minutos en que debo permanecer en la silla de la oficina me reprocho por todas las cosas que quisiera estar haciendo ahora y no hago. Escaparme a otra ciudad hubiera sido una buena opción. Me encanta descubrir sitios nuevos. ¿hay tantos en esta Isla que nunca he visto? Me rebelo: después de estas líneas buscaré el sol.

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