Cuba: la rica infancia de una isla

ninos-pionerosEs lo desconocido lo que suele atraer la atención del ser humano. Fue esa curiosidad innata la que nos elevó del resto de las especies y ha sido germen del desarrollo en todos los tiempos; pero tal vez sea ella misma la responsable de que no pocas veces subestimemos lo ya conocido y conquistado.

Una persona sin filiaciones políticas me comentó la tristeza que sintió cuando salió por primera vez del país y vio a una niña como de diez años de edad que vendía bisuterías fuera de un restaurante de la ciudad de México, bien tarde en la noche. Como buen cubano al fin, sintió de golpe que le ardía la sangre en el rostro y buscó en su despejado bolsillo algunas monedas.

Me contó la historia sin comentarios ideológicos ni comparaciones de por medio, solo como una experiencia más del viaje. Y tal vez esa es la mejor enseñanza de todas, la que se aprende por sí, sin necesidad de mensajeros ni de palabras. Pero las consecuencias de silenciar lo evidente a veces son tan graves que no es posible callar.

Nunca he salido de Cuba y como a tantos otros cubanos me agobia el calor de las guaguas, la suciedad en las calles y el maltrato de los vendedores. También me indignan la doble moral de algunos, la burocracia y la corrupción. Pero cuando por mi trabajo voy a una escuela y veo a ese montón de niños que sonríen y juegan, que están en sus clases de baile o pintura y que con la misma edad de la pobre chica mexicana ya manipulan hábilmente un computadora; pienso que, a pesar de los defectos y los excesos, lo que hemos construido vale la pena… y mucho.

Debemos decirnos a nosotros mismos y decirle al mundo lo valioso de esa obra por más consabida que nos parezca pues no es poco el peligro de la subestimación de lo propio ante la tentación de lo desconocido. Y tanto derecho tiene el cubano a conocer lo desconocido como deber de defender lo propio.

Sufrimos muchas carencias que privan a nuestros niños de beneficios que sin dudas les faciltarían su vida pero tal vez no la harían más plena; que podrían garantizarle diversión pero no les asegurarían felicidad. Sin embargo, nuestro proyecto social les ha proporcionado equidad en cuanto a derechos esenciales.

Dan escalofríos las cifras de la UNICEF que arrojan los cientos de millones de niños que padecen desnutrición en el mundo, los que trabajan en condiciones de servidumbre por deudas, esclavitud y prostitución, los que sufren prisión sin juicio alguno, los que no saben siquiera escribir su nombre o mueren por falta de asistencia médica… Es cierto, debemos reformar un país que ofrezca mejores oportunidades a las nuevas generaciones sin posturas de feliz conformidad ante la pobreza, pero un día como hoy, por más evidente que sea, no puedo dejar de mirar la identidad de esos niños de infancia robada. Ninguno de ellos es cubano.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Cuba: la rica infancia de una isla

  1. Maravilloso y justo comentario, esta expresión de un genuino corazón cubano. Comparto en amplitud tan valiosos conceptos, hermano. Un abrazo.

  2. vale

    no hay peor ciego que aquel que no quiera ver

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