Un trabajo “obliguntario”

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Lo único que pienso en medio de esos trances improductivos es en lo que pensaría el Che Guevara si pudiera vernos- tal vez lo hace. De seguro el predicador en verbo y práctica del trabajo voluntario en Cuba sentiría vergüenza, enojo o nos sentenciaría de por vida con una de esas lecciones lapidarias que le brotaban de su profunda dignidad.

Es bueno tener paradigmas pero más importante es tener conciencia propia y, como dice mi amigo, es más útil identificar a quien no quieres parecerte que tener claro a quién sí. Todavía persiste la costumbre de convocar a trabajos voluntarios –obliguntarios murmuran muchos a espaldas del jefe- en los que se malgasta el tiempo de las personas o se distorsiona el ya hipermaltratado sentido del trabajo que tiene el cubano a cuenta de la doble moral.

Les juro que no es por hacerme la periodistica con espejuelos detrás de una computadora, respeto el trabajo físico, y aun más, me gusta porque me relaja de esa manía a veces no saludable de pensar demasiado en las cosas.

Pero esos trabajos obliguntarios fuera de toda lógica provocan más daño que el imaginable por el “pundonoroso” mandamás, que a la sombra de su despacho se le ocurren ideas tales. Gracias a ellas trepan los arribistas y suman méritos de humo que luego los acomodan en acolchonadas sillas con rueditas.

Aun se suele usar el chantaje emocional o gastronómico como incentivo en las convocatorias, o funcionan como una manera forzosa de “saludar algún aniversario cerrado”. Y cuando por un motivo u otro el trabajador decide dar el paso al frente y llega al lugar se encuentra con un panorama de desidia: gente sentada o acostada al pie de cualquier árbol o caminando de aquí para allá con fingida ocupación.

Nada, que al final te han llevado para hacer el trabajo que apenas ocupa media hora de la jornada de los que allí laboran normalmente. Pero ya no puedes irte, el jefe te observa y después va a decir que andas de “rosca izquierda” -que es la manera común de desacreditar a la persona honesta. No queda más remedio que sumarse a la comparsa y hacer como que aquella faena es la más importante del mundo y que abandonar tus propias obligaciones por esta otra ha sido absolutamente necesario.

¡Pero qué difícil se hace nadar a contracorriente muchas veces o encontrar quórum cuando se disiente de situaciones así aunque sepas que cuentas con el apoyo mudo del colectivo! Si no estás de acuerdo alguien podría tomarlo como una actitud antiproletaria, demasiado pretensiosa o, en buen cubano, “que te crees cosas”.

Y repito, no tengo ningún problema con ampollar mis manos ni sudar duro cuando mi esfuerzo contribuye a un bien mayor del que tenga o no parte: me he ofrecido como voluntaria, he dado de mi propio bolsillo, he tocado puertas y todo para ver sonreír un instante a desconocidos que nunca más he visto, sin que conste en ningún expediente ni me sirva de aval. Y disculpa si hablo de mi otra vez, respetado lector, pero es la forma más sincera que encuentro.

No soy la única, muchos cubanos hacen buenas acciones todos los días, dan de sí solo por las ganas de sentir el pálpito de la virtud en el pecho y practican ese activismo social que hemos asfixiado entre listas de asistencia y falsas emulaciones. Por suerte también quedan de esos trabajos en los que la voluntad sí se premia con un resultado útil y no hay farsas de empeño para adular a nadie. Esas posturas son las que de veras edifican el hombre nuevo, no aquellas en las que las formalidades lo enajenan tanto como las propias esencias del capitalismo.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Un trabajo “obliguntario”

  1. María: El auténtico trabajo voluntario, creo yo, es aquel que nace del propio colectivo que se da cuenta de que de veras necesita y quiere mejorar algo. Ahí se combinan motivación, participación y resultados. Pero cuando el trabajo está dirigido a mejorar lo que no beneficia a los involucrados, muy poco bueno se logrará. Un abrazo.

  2. Ya casi está en desuso, pero hubo una época…llegué a ver tantas aberraciones que ahora dan gracia: la gente iba a “hacer horas” (como si Dios no nos hubiese dado las mismas a todos), porque había que hacer 108 horas, o 208, los números iban en aumento siempre, entonces se convocaba a un “trabajo voluntario” dentro de la jornada de trabajo. Es decir se iba a un lugar, generalmente a perder el tiempo y a dejar de hacer el trabajo por el cual a uno le pagaban, y por un par de horas de verdad, te “daban”, generosamente 4 horas (es decir alguien poseía la rara facultad de modificar el tiempo violentando incluso a Einstein), pero eso no era todo, el resto de la jornada…libre para “descansar” del esfuerzo que no hiciste…nada, que a veces, me daba la sensación de que era mejor que el Che ya no estuviera entre nosotros…¿qué hubiera dicho ante estos casos?

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