Archivo mensual: diciembre 2012

Doña Basura

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De niña cuando me embobaba frente a la pantalla de la TV viendo cualquier cosa, una  de las que más megustaba era la serie Fraggle Rock y uno de los personajes más llamativos: Doña Basura. Ahora de grande comprendo la metáfora.  Ella era la más sabia de todos, la que aconsejaba a los pequeños fraggles en sus animados conflictos, la que tenía siempre a mano un moraleja porque es lo que consumimos y usamos, nuestros objetos, quienes nos definen y cuentan nuestra historia.

La basura de la que hablaré en este post no es tan pintoresca pero igual provoca reflexiones. Si no tiene el gusto o la angustia de pisar las calles de Camagüey, le cuento:

Mi ciudad es un gran basurero. Con la clarinada de higienización que ha tocada la alta instancia gubernamental, la gente saca para fuera lo que no quiere, lo que le estorba, lo que tuvo en patios y cuartos de desahogo por tanto tiempo; los escombros y por qué no, hasta sus propias penas con la esperanza de que junto a la basurera los nuevos aires de movimiento se las lleven lejos.

La basura no ha respetado ni el centro histórico con sus angostas y centenarias calles, ni la fachada de las más distinguidas instituciones y hasta ha posado ante las cámaras de la turba de turistas que se pasean por la ciudad con actitud de zafari. Supongo que sería la misma que tuviera yo si pudiera descubrir las calles de Filipinas o Mali.

Por suerte la basura no se acomoda demasido en su sitio y pasan enseguida los carros recogedores. Tapia (el nuevo Secretario del Partido Comunista en Camagüey) ha puesto a correr a muchos. Pero la ciudad es grande y se sacude de su letargo de adentro hacia fuera por eso en algunas periferias o vericuetos polvorientos de Camagüey todavía algunas pilas malolientes esperan por su viajecito.

Y como si fuera poco, la ciudad no deja de parir basura, de escupirla a ratos. El carro recogedor pasa y poco después la gente por demora, desinformación o inconciencia sigue sacando más.

Tal vez sea yo de los pocos que se preguntan o de los muchos que no dicen en voz alta: ¿Para dónde va toda esa basura descomunal? ¿Deberán pasar otros tantos años y gastar tanto esfuerzo y recursos para recoger de contingencia lo que debe hacerse periódicamente?

Si tiene usted respuesta, por favor, compártala conmigo, si no, me contento con que considere las interrogantes.

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