Nacer mujer en Cuba

Ser mujer en Cuba no representa motivo alguno de discriminación. Cuando niña no sufrí la mutilación de mi cuerpo sólo porque alguna religión proscriba el placer sexual para mi género. Tampoco me arreglaron un buen matrimonio como forma de honrar a la familia ni mostrar mi rostro se considera impuro.

Estudiar en la universidad o trabajar con las mismas posibilidades y salario que el más viril de los hombres nunca representó preocupación alguna. No puedo decir que haya sufrido de acoso, humillaciones o subestimación por llevar faldas; no he tenido que traficar con mi sexo para sobrevivir y soy yo la que decido cuando tener un hijo no la iglesia ni una legislación que condene el aborto.

Y todo eso sólo me costó el esfuerzo de nacer en una sociedad con derechos para las mujeres. Pero entiendo que no siempre fue así. Por mi abuela y mis tías más ancianas conocí cómo era el proyecto de vida de una mujer.

Lograr un buen esposo era la realización suprema, concebir hijos saludables y atender a la familia. Debo admitir que de haber vivido esos días hubiera sido una pésima mujer pues confieso que a mis 26 años aun no se cocinar, no planeo casarme por ahora y los hijos son una opción tal vez algo tardía para algunos.

Y no es que tenga a menos todas esas cosas, pero vivir como mujer hoy representa mucho más. Antes, los estudios superiores o la realización profesional quedaban para las más osadas y solventes. La escuela sólo debía dar a la mujer promedio las luces necesarias para conducirse socialmente y supongo que para no abochornar al marido. No se esperaba mucho más.

Y no es manía de comparar a Cuba con un pasado de más de cinco décadas pues alguien puede decir que no hace falta una Revolución Social para que la realidad cambie como parte del progreso natural de las culturas y las sociedades. Es verdad, pero lo más triste del caso es que ese cuadro gris de desigualdad y exclusión de la mujer continúa siendo la realidad en gran parte del mundo.

Así que es cierto, tal vez la vida hoy en una Cuba capitalista no sería igual a la de hace 50 años atrás pero tampoco sería muy distinta a la de los países subdesarrollados de este continente y los derechos de la mujer más que garantías serían privilegios de pocas.

Que mi vida hoy diste mucho de la que fue para mis mayores necesitó de una política estatal sostenida encaminada a reivindicar a las féminas. La creación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el 23 de agosto de 1960 fue decisiva. La misma aglutinó a las organizaciones femeninas existentes hasta ese momento y ejecutó acciones que emanciparon a las señoras del claustro hogareño y de la falsa moral.

La mujer desfiló en pantalones y con fusil en mano por la calle como una miliciana más; pudo con su trabajo ayudar al sustento de la familia; el cuidado de sus hijos dejó de ser un impedimento a su realización profesional porque los círculos infantiles asumieron esa función; una silla en el Parlamento dejó de ser excepcional y hoy Cuba está entre las primeras naciones con mayor número de mujeres congresistas. En fin, cualquier campo de la vida fue propicio para que la mujer brillara por sí misma.

Pero las leyes y las políticas son mucho más fáciles de cambiar que la mente humana. Los prejuicios se enraízan en ella y aunque socialmente se acepte la igualdad, al interior del hogar y en la conciencia de muchos, persisten. Y es que ese tipo de cambio necesita de más tiempo, apenas dos generaciones no son suficientes.

El machismo como herencia de una cultura patriarcal española aun pesa. La mujer se ha liberado en muchos sentidos pero en su casa sigue llevando la carga de trabajo más pesada en medio de muchas carencias económicas y la violencia intrafamiliar es un fantasma real aunque muchos nieguen o disimulen su presencia.

Queda mucho por vencer a la FMC. La sociedad cubana sigue necesitando de una organización así y esta continúa siendo muy útil. Ella posee programas de orientación a la mujer y a la familia, realiza cursos, facilita empleos, presta ayuda psicológica y brinda protección en caso de maltrato.

Aunque millones de mujeres cubanas integren esta organización a la cual ingresan las niñas al cumplir 14 años de edad, no se trata de una cuestión de números. El trabajo debe perfeccionarse, se necesita desterrar formalismos, ser mucho más horizontal, participativo y original. Sólo así recobrará el empuje de otros años y será atractiva para las más jóvenes quienes como yo no conocieron los días en que ser federada era parte de una guerra contra el pasado.

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5 comentarios

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5 Respuestas a “Nacer mujer en Cuba

  1. Pingback: Nacer mujer en Cuba « Blogalidad Camagüey

  2. Comparto la claridad de estos conceptos, letra por letra. Un abrazo desde Argentina, hermana mujer cubana.

  3. creo que a la mujer en cuba le falta sobre todo ejercer de mejor manera los derechos que tiene… muchas mujeres jóvenes emigran definitivamente y las que se quedan tienen pocos hijos o los demoran en tener… por ese y otros motivos nuestro país en décadas próximas tendrá un problema gravísimo ysin solución y es que no tendrá personas suficientes en edad laboral… para superar esa situación que no hay cómo evitar deberían implantarse medidas que estimularan a las mujeres a tener hijos… otro asunto es que aún hay mucho de machismo en la manera que los medios trabajan la figura femenina y me refiero a programas de factura nacional…

  4. Maie Lopez

    Que buena crónica!!! Realmente concuerdo con usted. Al menos en Cuba hemos roto con la barbarie que se acometen contra la mujer y sus derechos en el mundo. Los invito a ver un film muy contemporáneo que lleva como titulo La lapidacion de Zoraya. Aunque también soy de las que piensa que todavía faltan muchas cosas por erradicarse o reformarse. Que si hemos avanzado? si, lo hacemos todos los días.

  5. Jose Lopez Romero

    He vuelto a leer este artículo lleno de principios y derechos fundamentales que Cuba va haciendo posible a través del tiempo. Lo comentaré en mis amistades y no tanto. Abrazo.

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